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Un vecino de San Petersburgo fue padre. Un ao despus de su muerte.

La muerte no es el final, por lo menos en Rusia. En nuestro país se puede procrear y ser padre incluso después de la muerte. El 22 de septiembre de 2010 el joven peterburguense Artem Klímov se convirtió en padre. Habría sido una historia ordinaria, si no fuera por una circunstancia muy especial: al momento de concepción de su hijo Artem ya llevaba dos meses en el otro mundo.

El año pasado el estudiante de medicina, de 22 años, enfermó de una leucosis. A instancias de su madre, antes de someterse a quimioterapia aportó una muestra de semen para que fuera crioconservado. El tratamiento médico resultó ineficaz y dentro de pocos meses Artem murió en el hospital en los brazos de su mamá.

“En cuanto vi en el monitor que se le paró el corazón, me acordé del material genético conservado”, dice la madre de Artem. “A mis 41 años podría dar a luz yo misma, pero yo necesitaba tener un nieto, la continuación de mi hijo”

En un centro de reproducción de San Petersburgo Natalia Klímova seleccionó a una donante de óvulos. Para aumentar las posibilidades de éxito recurrió a dos madres de alquiler a la vez: debido a la escasez de semen, disponía de un solo intento de lograr el embarazo. Dos semanas más tarde Natalia supo que una de las madres de alquiler estaba gestando a su nieto.

El parto se produjo prematuramente –a la madre de alquiler se le comenzó a desprender la placenta– pero el niño nació sano si bien medía 47 centímetros pesando sólo 2.800 gramos. La feliz abuela dio a su nieto el nombre de Egor.

Egor es el segundo “niño probeta” nacido en Rusia mediante reproducción post-mortem. El primero nació el 5 de noviembre de 2005 en Ekaterimburgo en la familia de los Zajarov. El asesoramiento legal de este programa singular de reproducción post-mortem corre a cargo del bufete “Rosjurconsulting, S. L.”.

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